Los sonidos de las turbulencias

Autor: Raúl Poveda Casas

Primera edición: marzo de 2020

Editorial: Liberatura Ediciones

Aquí la música se plantea como un medio sensorial del caos, la turbulencia, la entropía, la desparametrización. El autor la aborda histórica y filosóficamente a través del desarrollo cronológico de distintos modelos de pensamiento, pasando por René Guenon, Zygmunt Bauman, Byung Chul Han, y sus análisis de una modernidad que en aras de igualdad y progreso, produce ciudadanos llenos de ecos, ansiedad y pesadumbre.

Queda entonces un llamado a desidentificarse para empezar a reconocerse de una manera más propia y precisa. Un llamado para volver al caos, que no es otra cosa que la desorganización de sistemas, donde cada artista, cada obra, crea un nuevo orden desparametrizado y auténtico.

Este recorrido por la concepción del caos como fuente natural del arte, el autor lo ejemplifica con obras maestras de la música electroacústica y académica, exponiendo profundos análisis sonoros, entrevistas, vínculos y partituras que en nada se parecen a las convencionales. Si, como dice Stephen Sondheim, “el arte, en sí mismo, es un intento de poner orden al caos”, cada obra artística debe a la vez inventar el proceso y la partitura que la provoca.

Es fascinante como Raúl Poveda Casas, músico, pedagogo e investigador musical, nos lleva de la mano en medio de las turbulencias y nos muestra la construcción y deconstrucción de su propia obra Senderos de soledad y abismos; entre cuerdas, penurias y calma, en tres movimientos https://www.youtube.com/watch?v=E-p8KBrQtUw, con sus antecedentes musicales vistos desde la física, la historia y el pensamiento contemporáneo, sin olvidar la constante advertencia de que Los sonidos de las turbulencias no pretende ser teoría científica de la música, sino la apreciación documentada de un creador que perforó el sótano del ordenamiento estético, bajó al subsuelo del caos y encontró lo que el equilibrio establecido sí había perdido.

Alejandro Cortés González

alejandroelnotario@gmail.com

Comparto a continuación el vínculo del playlist de obras maestras de la turbulencia sonora recomendado por el autor:

https://www.youtube.com/watch?v=Pu371CDZ0ws&list=PLzyEWH59y1TczSQk2kaU2EYbG_bLltskI

También algunos de los apartes más concluyentes de este libro que todo creador, musical o de cualquier rama del arte, debería explorar:

“Volviendo al paralelo entre ciencia y arte, yo no soy músico o compositor solamente por el producto de mi trabajo musical, sino por las intenciones de manifestar contenidos simbólicos a través de los caminos de la música, y a su vez, esa música no se trata únicamente de sonidos y duraciones, en tanto perturbaciones y vibraciones de entes sonoros basadas en parámetros de organización (como la construcción melódica, rítmica y armónica), sino que comprende, además, los complejísimos contenidos que las originan”.

“Nosotros no podemos hacer aparecer las cosas de la nada como lo hacen los dioses, sino que creamos juntando partes, mezclando y combinando, es decir, organizando de una manera específica lo que, a nuestro criterio, antes no tenía sentido. Nuestras obras proveen de orden a lo que, al parecer, estaba en el caos”.

“El oído configurado en el orden, le teme al caos. Para Sztajnszrajber, algunos esquemas de poder han sido impuestos de tal manera que se naturalizan y salirse de los límites lo pone a uno en terrenos de la monstruosidad, de lo incómodo, de lo que molesta, y da angustia no pertenecer al orden establecido”.

“Las nuevas músicas experimentales proponen escuchar cada momento de manera atenta con la posibilidad de sorprenderse ya que no se apegan a los clichés de las músicas convencionales. Adorno, en contraposición a la escucha de los patrones recurrentes y predecibles de la música popular y comercial, propone una disposición activa: recuperar la escucha como instante de entrega exclusiva y muy atenta al sonido”.

“La misión del creador entonces será correr el velo de la configuración auditiva en la que se encuentra, para poder hallar-gestar su acto de habla. (…) Simón Rodríguez, maestro y compañero de Simón Bolívar, escribía:

Véase a la Europa cómo inventa y véase a la América cómo imita. América no debe imitar servilmente, sino ser original. ¿Y dónde vamos a buscar modelos? Somos independientes pero no libres; dueños del suelo pero no de nosotros mismos. Abramos la historia y, por lo que aún no está escrito, lea cada uno en su memoria”.

“Krzysztof Penderecki, para la interpretación de su Threnody For The Victims Of Hiroshima, también exige ejecuciones no convencionales para los efectos, incluyendo inclinaciones diversas entre el puente y la cuerda o golpear la caja de resonancia con los dedos. En términos de ritmo, no hay pulso regular y en las secciones individuales se mide el tiempo por reloj en minutos y segundos. El resultado es una obra de gran fuerza expresiva y una representación musical de sufrimiento humano. Cada sección de cuerdas se involucra en una especie de diálogo con otras secciones, y el efecto de muchos instrumentos tocando a la vez glissandi se asocia con el sonido de voces humanas lamentándose en una polifonía infernal. El palabras de Carpenter, es una vívida evocación de los horrores de la guerra”.

“En cuanto a las músicas que en mayor o menor medida se apartan de los cánones de ordenamiento clásico occidental, es decir, las experimentales, sintéticas, contemporáneas y, en sí, todas las que rompen con los moldes de lo comercial o lo convencional, se pudo observar que su audición no suele ser algo de consumo popular o masivo, probablemente porque en muchos casos no tienen referentes en el cerebro de la mayoría o, en otras palabras, porque requieren de una escucha activa de eventos que no corresponden a alguna configuración previa. Por ello, su público, normalmente, se conforma por quienes se atreven a intentar una decodificación de esos nuevos lenguajes musicales para comprenderlos y disfrutarlos. Me atrevo a sugerir que, tal vez, el deleite de estas personas radica más en la sorpresa que en el reconocimiento de patrones”.

“Al explorar más posibilidades de creación musical, es decir, lo ordenado, lo complejo o lo caótico, el creador puede generar otras formas de arte, tal vez, más sinceras y propias, de alguna manera estará más cerca de desidentificarse o identificarse con generalidades propuestas por otros. Finalmente, está en su decisión qué elementos usar y cómo ubicarlos en su obra pero, mejor si es consciente de dónde provienen esas decisiones”.




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